Todos lo sabían, todos la sentían, todos los gobiernos en el mundo la admitían menos el gobierno federal mexicano, para él era… la innombrable. Hasta que una mañana de agosto, al secretario de Hacienda, Agustín Carstens, le dio por sincerarse y convirtió el catarrito en influenza, y se hizo la luz: la crisis económica apareció en los discursos gubernamentales y se reconoció que “México está enfrentando actualmente el shock financiero más fuerte de los últimos 30 años”.
Los millones de mexicanos que han estado padeciendo la crisis no tuvieron que estudiar un doctorado en economía en Chicago para llegar a la conclusión de que en México sólo a seis personas les ha pegado la crisis, a: “Yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos”, pero muchísimo antes de que el funcionario lo aceptara. Tal vez Carstens quiso entrar a la moda y, como hay crisis de seguridad, de agua, de tráfico y de confianza, no quiso quedarse atrás.
Pero la declaración del secretario estuvo acompañada de una amenaza/advertencia/promesa: el gobierno presentará un paquete económico para 2010 con más impuestos. Ante estas inminentes acciones, la Inmaculada, uniendo esfuerzos con la consultora financiera internacional “Bartola”, experta en recomendar medidas para estirar dos pesos, desarrolló una política de recaudación mediante impuestos que resulte más popular para la ciudadanía pero sobre todo más útil para el país.
Así, pues, se propone un Impuesto a las Campañas Políticas Anticipadas (Imcapas), que se cobraría a los funcionarios públicos que hablen públicamente de sus aspiraciones a cualquier puesto de elección popular antes de que renuncien para contender. No hay excepciones, no importa si algún gobernante se implantó cabello o se quitó lentes para poder estar más acorde con sus anhelos. Cooperación por Promociones Personales por Televisión (Coppete), sería un impuesto que se cargaría al gobernador de cualquier estado si aparece por televisión en programas distintos a su investidura. El monto sería el equivalente a más de 15 mil días de gel para el cabello. Si son programas de chismes, se paga el doble.
Impuesto Contra Legislar al Vapor (Imclavo): este gravamen se aplicará a todos los diputados y senadores que, por vengarse, poderse ir de vacaciones o pagar algunos favores, aprueben iniciativas a modo, creando en lugar de legislaciones apropiadas y beneficiosas para los mexicanos generan engendros de leyes. El monto será de 365 días de dieta legislativa por legislador que vote a favor y los ausentistas deberán pagar doble en cuanto se presenten. También se propone crear el Impuesto Contra Legisladores Rémoras y Ociosos (Imcolero), aplicable a todos aquellos diputados, senadores o asambleístas que viven del erario y solamente sirven para calentar su curul, que no proponen, no trabajan y faltan a las sesiones cada vez que pueden.
Cada vez que un funcionario quiera hacer una aseveración que trate de burlarse de la inteligencia de los ciudadanos deberá pagar el Impuesto Contra Declaraciones Desafortunadas Típicas (DDT). Se crearía también el Impuesto a la Movilización Social Pública y Marchas (Imospum). Este gravamen sería único en el mundo, pues se cobraría una cantidad de 100 pesos a cada participante en mítines o plantones, pero por hora, de esta manera se estaría obteniendo una retribución por todas las horas hombre que se pierden en cada movilización.
Pero además y parafraseando a los funcionarios optimistas que dicen una y otra vez que los tiempos de crisis son momentos de oportunidades (al menos para ellos), también se hicieron recomendaciones para modificar el gabinete al crear dependencias más acordes con la realidad mexicana. Así, por ejemplo, se podría crear la Secretaría de Economía Informal, el Instituto Nacional de Nutrición podría convertirse en Instituto de Investigaciones Garnachísticas de México, y encargarse en reglamentar el consumo de comida chatarra callejera, ya que se ha convertido en lugares de reunión de cientos de mexicanos que no pueden ir a otro lado porque no les alcanza; la Secretaría del Desempleo y Entretenimiento Social, para administrar a la gente que perdió su trabajo dándoles clases de macramé o enseñándoles a llenar crucigramas.
Asimismo, se sugiere que para enfrentar adecuadamente la crisis, las universidades del país rediseñen sus planes de estudio para darle cabida a nuevas carreras y aprovechar esos nuevos nichos que se están abriendo en el México de hoy. Está, por ejemplo, el Diseñador de Cuernos de Chivo o de narcomantas; el Contador con especialidad en evasión fiscal; el Urbanista de mercados sobre ruedas, especialidad que le dará los conocimientos necesarios para encontrar la mejor ubicación para su puesto ambulante.
Técnico despachador de gasolina con computación, carrera del futuro con aprovechamiento de propinas; técnico en gastronomía con especialidad en quesadillas, tortas y tacos y la licenciatura en acomodo de enseres varios o cerillo profesional, en dos ramas, junior y senior son otras carreras que podrían tener amplia demanda. También otra de las novedades podría ser la de Licenciado en Rotulística Rústica, que es un asistente para hacer carteles para negocios como talleres mecánicos o carnicerías, con mensajes de impacto y el mínimo de faltas de ortografía.
Seguramente todas estas recomendaciones harán más llevadera la crisis, que viene tocando fondo desde hace meses y que se ha ido transformando de una inocente gripita a un paro cardiaco financiero.
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