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lunes, 26 de octubre de 2009

La historia del gas mitocóndrico

25-Oct-2009

Vianey Esquinca


La Ley de Ingresos de la Federación que aprobó la Cámara de Diputados provocó una indignación ciudadana generalizada, pero eso no les quitó los sueños a los legisladores, ellos tienen su propio código de conducta, su propia moral desviada. Cuando llegan a San Lázaro aprenden un dialecto mitocóndrico que les permite comunicarse entre ellos, pero les impide escuchar y entender lo que otros dicen. Sin embargo, por primera vez, los expertos inmaculados tuvieron acceso al diccionario secreto El pequeño legislador, que rige el lenguaje de los diputados. En un afán por entender su comportamiento, se ponen algunas de las palabras encontradas.

Diputiza: dícese del agravio contra los contribuyentes cautivos de parte de la Cámara baja.

Noroñalgia: dolor de cabeza para secretarios de estado propiciado por sobreexposición a Gerardo Fernández Noroña.

Cortar Por Lozano: Cuando se hace breve una sesión en San Lázaro a causa de los inconformes.

Negaciación: negociación en Bucareli que no llega a nada porque nadie aporta y todos niegan.

Panacea: la solución de nuestros problemas fiscales, a menos de 2%.

Panatismo: creer que todos los planes que salen del gobierno tienen que ser buenos porque el gobierno lo dice.

Pandejada: endosarle al PRI el bodrio fiscal, cuando faltaba que pasara por el Senado.

Perredesmismo: cualquier propuesta de gobierno, vista por el partido amarillo y negro.

Informiente: dícese de los diputados que van de un lado a otro asegurando que otro legislador dijo lo que no dijo que sí dijo.

Tribunazi: grupo de legisladores que toman la tribuna un día sí y otro también sólo para hacer espectáculo.

Pritazo: cuando le avisan a alguien que el PRI va a usar su mayoría para evitar el techo de endeudamiento del Distrito Federal.

Copeteado: IVA de 16% dirigido a los contribuyentes mexiquenses por legisladores de ese Estado.

IVA México: grito septembrino que fue proferido la madrugada del miércoles pasado, por la mayoría priista en San Lázaro.

Impuestor: así se le llama a quienes votaron por los aumentos a los impuestos en lugar de los 500 diputados, porque según el PRI y el PAN, alguien votó en su lugar, ya que ellos no fueron.

Efectivamente, la Ley de Ingresos es como esa flatulencia incomoda que salió de algún órgano legislativo y aunque es evidente su lugar de origen nadie lo quiere reconocer, todos se voltean a ver con mirada acusadora y tapándose la nariz. ¿Fuiste tú? No, yo no fui, ¿y tú? ¿Cómo crees?, yo hasta me opuse a que alguien se lo echara, ¿tú? Para nada, qué asco.

Lo que era evidente era que por el olor que desprendía la ley aprobada, había sido gestada en un cuerpo en estado de descomposición, tal vez porque había ingerido enormes cantidades de intereses que llevaban mucho tiempo guardados. César Nava, Presidente Nacional del PAN olvidando la más antigua máxima de que quien “lo huele por detrás lo tiene”, salió de inmediato a decir que le parecía que el culpable de la fetidez era el PRI, quien con una máscara antigases negó cualquier paternidad y para probarlo enseñó un oficio donde demostraba que la Secretaría de Hacienda les había propuesto echárselo de forma discreta, sin que nadie lo supiera.

Sin embargo, la ventosidad que salió de forma estridente y alarmante sí tiene 337 progenitores, que fueron los diputados que determinaron que era buena idea echarse un gasesín en la cara de los miles de contribuyentes cautivos.

Gracias a ellos el IVA aumenta a 16%; el Impuesto sobre la Renta que condena a los asalariados a seguir siendo ellos quienes paguen los platos rotos pasa de 28% a 30%; y además se gravó con 3% a las redes de telecomunicación, lo que incluye internet y cable.

Ahora, esa flatulencia se fue directa a la Cámara de Senadores donde la recibieron con cara de asco.

Algunos senadores ya declararon que le tratarán de poner alguna fragancia que disfrace un poco su fetidez, que están escuchando distintas propuestas ciudadanas para lograr modificar su asqueroso origen, pero todavía está por verse si los senadores no deciden acompañar el gas de los diputados con uno de su propiedad.

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