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lunes, 23 de noviembre de 2009

La izquierda en México

R e n é Av i l é s F a b i l a

Los obreros y campesinos están al margen, peones
de un ajedrez grotesco que juegan principalmente tres partidos.

La izquierda mexicana apenas existe. PRD, PT, Convergencia,
sindicatos como telefonistas, universitarios y
electricistas son una suma gelatinosa sostenida por palabrería
hueca que se ha hecho irritante. Términos como
resistencia, digamos, ya es utilizada por priistas y panistas
para defenderse de la extrema corrupción del gobierno capitalino.
Los argumentos usados por el PC o el PRT (de filiación marxista) carecen
de sentido. ¿A quién se le ocurriría luchar por una dictadura del
proletariado? Hoy nadie rechaza el capitalismo,
a lo sumo quieren darle un rostro humano y sacar
el mejor provecho posible de un sistema carente
de rumbo y en manos de una burocracia política
(integrada por todos los partidos) en busca
del poder y del dinero.
Pensar que Ebrard o Encinas son dignos izquierdistas
es ignorar la historia y no entender
la realidad. La izquierda no tiene que hacer pistas
de hielo o árboles navideños gigantes, típicos
valores norteamericanos. Debe cuidar con
esmero las luchas sociales, no dar limosnas sino
crear empleos y sobre todo, dotar a la población
de instrumentos que permitan ver a México bajo otro modelo,
distinto al que tenemos, herencia del PRI en sus más degradantes
momentos. Así lo pienso luego de leer un artículo de Manuel Bartlett,
recién llegado a la izquierda, una vez que su vida política concluyó y
en donde fue senador, gobernador y secretario de Estado por el PRI.
Su lenguaje corresponde al de un fariseo, diría Marx, o mejor al de un
compañero de ruta, como veía Lenin a los que estaban un momento
peleando por el socialismo.
La pregunta es, ¿de dónde sale la izquierda que ahora se manifiesta
con estandartes de la Guadalupana, entrega limosnas a granel y convierte
al DF en un inmenso circo donde prevalecen
los espectáculos de tipo comercial? Del PRI. De allí
surgieron Dante Delgado, Camacho, Ebrard, El Peje.
Cuando eran priistas no tuvieron una sola ocurrencia
izquierdista. Buscaban, quizá, menos autoritarismo
y corrupción, cierta pluralidad. Hasta allí. Ninguno
pensó en la lucha de clases, en las contradicciones, en la toma del poder
por la vía armada o electoral para implantar un gobierno socialista.
Llegado el momento, los comunistas se sumaron gozosos a los
cargos que el sistema les dio. Arnoldo Martínez Verdugo ocupó la delegación
de Coyoacán, y jamás vio a un obrero. Amalia García no ha
vuelto a pensar en Rosa de Luxemburgo y Pablo Gómez salta de diputado
a senador y viceversa sin recordar que regañaba a quienes no
recitaban El Capital.
El lenguaje que utiliza Bartlett es el mismo que
usaba Valentín Campa, pero los valores son otros.
Uno fue tragedia, el primero farsa. Sabemos que el
PRI, aunque se dijo heredero de la Revolución de
1910, caminó, luego de Lázaro Cárdenas, a una derecha
que entroncaría con el PAN. Hace poco, Beatriz
Paredes decretó que la del PRI era una ideología socialdemócrata.
Los militantes preguntaron qué era
eso. Hoy los partidos pelean por el centro. Los obreros
y campesinos están al margen, peones de un ajedrez
grotesco que juegan principalmente tres partidos,
uno de ellos que se reclama como la izquierda y
que ha llegado a límites inauditos de podredumbre
y falsedad. Si Revueltas criticó al PC por sus desviaciones y distancia
con el proletariado, en 2009 nadie entendería sus tesis. Para escapar
de las posiciones izquierdistas, otros países han encontrado fórmulas
casi mágicas, poéticas, como los chinos, pero en México lo han
hecho envileciendo más al sistema creado por el PRI, que de regresar
al poder volverá a decirnos que es el atinado centro, el PAN queda a
la derecha y el PRD imagina ser izquierdista, cuando todos están corrompidos
y sin ideología.

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