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lunes, 7 de diciembre de 2009

PRD, ¿no sería mejor extinguirse?

René Avilés Fabila
06-Dic-2009
Del buen caudillo (Cárdenas) pasaron con un fanatismo rayando en lo fascista al abierto tirano, a López Obrador: un hombre ignorante, incapaz de una idea original.



Entre la vieja izquierda, principalmente la comunista, y el PRI, le heredaron al PRD tantos defectos y errores, que nada le permitirá superarlos. De los vicios y virtudes, sólo conservaron los primeros, destacando la corrupción y las diferencias irreconciliables, la avidez por el poder, la falta de juicio autocrítico y la proclividad a los caudillos. Así que pocos esperan algo, ni siquiera los obradoristas que permanecen únicamente en busca de sus siglas para lanzar al Peje de nuevo a la candidatura presidencial.

El partido fundado por Cuauhtémoc Cárdenas nació “revolucionario”, “nacionalista” y “antiimperialista” en tiempos en que estos conceptos agonizaban. De la Revolución que hoy se aprestan a celebrar de manera folclórica, para 1968 nada quedaba salvo ecos de proyectos fallidos. La caída del socialismo le dio a EU una supremacía tal que el imperialismo, como lo vio Lenin, es más complejo de analizar y combatir. No basta el Yanquees go home! Si se van a casa, la economía de cien países se hunde. Quedan el autoritarismo y lo que Jesús Ortega llama crisis por falta de unidad. ¿Podrían ponerse de acuerdo media docena de mafias (que no tendencias ideológicas) venidas del PRI y del lumpen político?

Luego vino algo peor: del buen caudillo (Cárdenas) pasaron con un fanatismo rayando en lo fascista al abierto tirano, a López Obrador. Una vez más la tendencia caudillista de la izquierda y del fascismo también. Sólo que ahora es una mezcla peligrosa: un hombre ignorante, incapaz de una idea original, formado en el populismo de Echeverría y López Portillo; para colmo, Fox lo encumbró al convertirlo en proyecto de mártir. La dádiva al estilo Teletón sustituyó al programa social y el caudillo se convirtió en un generoso proveedor de limosnas y no de trabajo y dignidad. Marcelo Ebrard representa todo: la perversidad de Camacho y la demagogia de AMLO.

El PRD no es más que un grupúsculo gritón y vulgar. Metido en problemas insalvables y convencido de que es con insultos y marchas que se ganan las batallas. A Juanito, por ejemplo, lo eliminarán, ¿pero dónde esconderán el nivel de tortuosidad y bajezas con las que actuaron los líderes de la llamada izquierda? No basta el cinismo de AMLO ni que como el Jason del filme Viernes 13 sea inmortal y regrese cada mes rodeado por miles de enloquecidos fanáticos. Hablar de refundación no es tonto, es ridículo. Tendrían que deshacerse de AMLO, Fernández Noroña, Muñoz Ledo, Camacho, Bejarano…, poner distancia con el PT y Convergencia, con delegados y legisladores corruptos, cuyas acciones están documentadas. Pero no, bastará una lista de buenas acciones, ponerse sentimentales y que Encinas, Padierna, Batres, Ortega y Barrales intercambien abrazos. ¿Es política o magia lo que requieren? El problema es que AMLO no es Harry Potter ni los demás son Talleyrand, Lenin o Churchill. Allí se dieron la mano un montón de embaucadores que estuvieron a punto de engañar al país. Por fortuna, podemos verlos tal como son: aventureros en busca de El Dorado.

No es la primera intentona de agrupar a las fuerzas progresistas: arrancaron con la de Lázaro Cárdenas y no cuajó. La de su hijo Cuauhtémoc asimismo ha fracasado, no por falta de voluntad de los creadores, sino porque este proceso atrajo a multitud de prófugos de las cloacas políticas que lograron poder, dinero, que velozmente pasaron de servidores públicos a autoridades ladronas y que jamás pusieron atención en la República. Si fueran políticos con grandeza y dignidad, lo correcto sería desintegrar al PRD y hacer un nuevo partido, ahora con cuidado: sin pillos ni demagogos, mucho menos caudillos, imagino que dentro de millones de mexicanos hay muchos con alta moral y valores capaces de creer en la izquierda.

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